En un mundo donde el cambio constante y la rapidez se imponen, en Kave creemos que el verdadero hogar se crea a base de vínculos y vivencias que se construyen poco a poco. Por eso, creamos objetos y muebles pensados para acompañarte toda la vida y que, con el tiempo, sean parte de ti.
Descubre nuestro punto de vista
Esta campaña nace como una forma de dar cuerpo a nuestra forma de entender la casa.
Queríamos contar que una casa no es un lugar de paso, sino un lugar en el que voler quedarse. Porque ahí es donde nos sentimos bien, seguros, a gusto. Donde podemos ser nosotros mismos. Y eso no ocurre de inmediato, ni por casualidad. Una casa se construye con el tiempo, a través de vínculos, de vivencias, de objetos que permanecen.
La campaña pon el foco en esa permanencia. En un mundo cambiante, donde casi todo se reemplaza con rapidez, elegimos hablar de lo que perdura. De lo que se queda. De los muebles y objetos que nos acompañan, que se transforman con nosotros, que nos representan, que cuentan nuestra historia y acaban dándonos ese sentido de pertenencia.
Con una dirección visual icónica, onírica y un enfoque metafórico, mostramos que una casa no es una estructura fija, sino una suma de elementos que sentimos como propios. No por su forma, sino por su significado. No por lo que cuestan, sino por lo que cuentan y representan para nosotros.
Al mostrar lo que desaparece y lo que permanece, la campaña pone en valor lo que realmente construye una casa: lo que no se quita el viento. Una alegoría contra las tendencias pasajeras, el fast furniture y la homogeneización global.
Tras la campaña
Hacer volar los objetos no fue sólo una metáfora: fue una decisión técnica. Tras el spot hay una producción precisa y compleja, pensada para capturar lo que permanece. Y lo que no.
Queríamos que cada decisión hablara de quiénes somos. Por eso elegimos una localización conectada con nuestras razas: un campo de trigo en la Almendra del Vallés, que entre 1937 y 1938 fue utilizado como aeródromo de guerra por el gobierno republicano. Un paisaje cargado de memoria en el que hablar de lo que perdura.
La imagen de la protagonista encaja con nuestro imaginario mediterráneo. Su papel exigía algo más que interpretación: su formación en danza le permitió moverse con ligereza, casi como si flotara en gravedad cero. Una forma de dar vida al lenguaje visual que habíamos imaginado desde el principio.
Para dar vida a la metáfora, los objetos se suspendieron en el aire mediante varias estructuras de truss, colgadas de tres grúas que más tarde desaparecerían en postproducción. Las escenas se rodaron con cámara en movimiento sobre plataformas, planos de travelling y tomas aéreas con dron. La postproducción y los efectos visuales permitieron eliminar todos los elementos técnicos y terminar de construir esta atmósfera visual, elegante y suspendida. La casita blanca que aparece en el último plano fue generada completamente en 3D.